1970 - 1980
La revolución del contenedor y el nacimiento de Coordinadora
A comienzos de la década de 1970, la aparición del contenedor marítimo supuso una auténtica revolución para la estiba. Los inicios no fueron sencillos: los rendimientos de aquellas primeras operativas apenas alcanzaban los 16 contenedores por jornada. Pese a ello, la mecanización redujo drásticamente la necesidad de mano de obra. En el puerto de Barcelona, la plantilla se estabilizó en unos 1.500 trabajadores, mientras la nueva realidad tecnológica exigía una mayor cualificación. Los nuevos ingresos aportaron profesionalidad, pero también una creciente inquietud por dignificar las condiciones laborales.
Hasta 1976, bajo la sombra del sindicato vertical —que actuaba como un brazo de la patronal—, las reivindicaciones eran sistemáticamente ignoradas. Los jubilados apenas percibían 1.500 pesetas mensuales, lo que obligaba a los estibadores a ahorrar durante toda su vida para no caer en la indigencia al retirarse.
En plena Transición, estalló la primera huelga general del sector, apoyada inicialmente por la unión de sindicatos en la clandestinidad , USO,UGT y CCOO, esta ultima la mas fuerte en el sector (vinculada al PCE y al PSUC). Tras 21 días de conflicto y siete despidos, los sindicatos se desmarcaron, dejando a los estibadores sin respaldo. Fue entonces cuando el colectivo comprendió la necesidad de organizarse de forma autónoma, creando la OEPB, poco después inspirándose en los estatutos de la histórica CNT, fundaron la Coordinadora Estatal de Trabajadores del Mar. Gracias a esta nueva fuerza, se logró la readmisión de los despedidos.
En 1980, la desaparición de la OTP dio paso a un modelo donde el 80 % de la plantilla pasó a ser fija de empresa. Sin embargo, la tensión no cesó. Las principales estibadoras (Maport, Ceosa, Marítima Laietana y Contenemar) firmaron el acuerdo, pero la presión laboral derivó en el despido de 172 trabajadores y miles de sanciones por bajo rendimiento. La patronal intentó romper la huelga contratando a esquiroles vinculados a Fuerza Nueva, escoltados por la policía, mientras los buques se desviaban a Tarragona.
Durante casi un año de resistencia, los estibadores mantuvieron una caja común en la sede de Sant Pere, repartiendo un salario igualitario de 4.000 pesetas semanales para todos, incluidos los despedidos. La solidaridad fue su mejor arma. Finalmente, tras ganar numerosos juicios y lograr que empresas como Samer cedieran, el conflicto terminó con la readmisión de todos los trabajadores. Este fue el bautismo de fuego de Coordinadora, que pronto se extendió a Canarias, Valencia y el resto del sistema portuario.
. El último gran escollo llegó en 1986 con Contenemar, el despido de toda la plantilla, un total de 25 trabajadores devolvió la violencia a los muelles, con enfrentamientos directos, cargas policiales y entradas en las sedes de la compañía. Finalmente, la negociación permitió la recolocación del personal. Aquel "barco de guerra" que fue el puerto durante décadas se convirtió, por fin, en un buque mercante solvente y efectivo.